jueves, junio 14, 2007

Fungini

Ser un turista de masas, para mí, equivale a convertirse en un puro americano de los tiempos que corren: foráneo, ignorante, codicioso de algo que nunca se puede tener y decepcionado de una forma que nunca se puede admitir. Implica estropear, en virtud de la pura ontología, la misma cosa no estropeada que uno ha ido a experimentar. Implica imponerse a uno mismo sobre lugares que en todos los sentidos menos el económico serían mejores y más reales si uno no estuviera. Implica, en las colas y en los atascos y en las transacciones sin fin, afrontar una dimensión de uno mismo que resulta tan ineludible como dolorosa: en tanto que turista, te vuelves económicamente significativo pero existencialmente aborrecible, como un insecto posado sobre algo muerto.

David Foster Wallace. Hablemos de langostas p.299

2 comentarios:

loqtengaqpasar dijo...

pero y lo que nos gusta ir por hí, ver sitios diferentes, gentes diferentes y escuchar otras lenguas??? con un poco de respeto, se puede hacer tooodo

sublibrarian of the year dijo...

Sip!

Pero cuando pasar por el centro de tu ciudad se convierte en turismo involuntario... dejamos atrás la frontera del respeto y nos adentramos en otro país.