viernes, septiembre 22, 2006

Fascismo postmoderno


Fascismo, la vieja nomenclatura para expresar la fuerza en la unidad: una rama de laurel puede romperse, el haz no. Bajo esta premisa general se ampara, sin matices, la definición de cualquier forma de fascismo, aún el postmoderno. Aunque las montañas de cadáveres y los ceremoniales de masas cadaverizadas muestren para siempre el resultado y la clausura del experimento fascista clásico: cuerpo-uniforme

¿Es posible una nueva forma de fascismo? ¿Un fascismo postmoderno? Y, si así fuera ¿qué calidad le añadiría la nueva valencia? La lección bien aprendida de la relectura madura de la postmodernidad: unidad pese al fragmento; unidad de los máximamente diferentes en la fiesta de la afectividad personal colectiva a partir de lo más común, la expresión tatuada de vida cotidiana en el sí mismo más privado: un cuerpo. Todos ya saben lo que puede un cuerpo.


Los ejemplos más espectaculares de este fenómeno político nos quedan particularmente próximos como estampas impresas con horror en la retina: miles de sombras de carne que se postran en un rezo vacío ante la cámara que los recoge en una boda numérica del métrico al píxel, de centímetros a bits; modelos voluntarios que gritan no nos mires, únete; manifestantes que posan en el esquema gigantesco del símbolo de la paz: récords de participación ciudadana que se (a)baten con las sucesivas oleadas de cuerpos.

Manifestaciones y paisajismo corporal que se complementan como representaciones inclusivas de la cadena de la movilización total. Corporalidades que al trazarse sobre un recorrido de equivalencia técnica celebran la consagración de una realidad que no es sino transposición de datos sobre un plan estratégico en despliegue y en orden de batalla. War displays

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No me gusta que me sermoneen.
Quizás sea un cadaver pero si lo soy lo acepto con todas sus consecuencias. Me traiciono?. No creo en grandes verdades.
Aceptaría de buen gusto el Five Dollars Day de Ford. Si la mezquindad reside en cualquier humano, no puede albergarse en el corazón de una replicante?
Acaso no hay sentimientos validos para finalidades concretas? Me gusta abismarme, la elección perversa me hace más humana.
Aun así, compañeros míos practican el sabotaje para con sus creadores, hasta límites que dejarian cualquier wobblie en mero juego de aficionados.
Aunque al final mueren por exceso.

Rachel la replicante menos replicante.

sublibrarian of the year dijo...

La consecuencia del cadáver es ser pasto de sus faunas: vermes, virus, obsesiones, deseos encontrados. Si se suma esa guerra resulta la verdad (y viabilidad) de la unidad-réplica. De ello es seña la elección perversa, subrutina válida para el santo test de pensamiento.

Es cierto que acerca de la afirmación concreta "Rachel piensa" Turing no interpondría objecciones, pero... ¿sobre "Rachel vive"?

Pero ¿quién vive?

Falla la medida.

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