
Jesús de Montreal
Bien. Para empezar déjenme decirles que no logro comprender como pudo ocurrir.
Soy un tipo majo, razonable, atento. Como bibliotecario, digo. Profesionalmente. Pregunten por ahí. Intenten probar lo contrario, inténtenlo vamos, no me enfadaré. Porque el caso es que no tengo nada que ocultar. Absolutamente nada. Mi expediente es intachable, brillante incluso, si es que me permiten esta pequeña inmodestia, y creo que en las circunstancias presentes coincidirán conmigo en que no es razonable esperar que me muestre apocado.
Les invito a que investiguen. Urguen en los motores de búsqueda, sumérjanse en los archivos, sólo hallaran referencias de mis excelentes técnicas de trato al usuario, testimonios de admiración rendida entre mis colegas a propósito de mi forma de combinar preguntas abiertas y cerradas para dar con la respuesta sin incomodar o herir la sensibilidad de nadie; "la danza de J", la llaman en el master de Información y Referencia y...
¿Perdón?
Sí, en efecto, he intentado compartir mi experiencia y poner por escrito el fundamento de mi técnica pero... el virtuosismo depende de cualidades más sutiles, ustedes me entenderán.
Como les decía, pongan todo ello sobre la mesa, sin tapujos, sopésenlo y verán que les digo la verdad.
¿Ya han hecho sus comprobaciones?
Ajá, entiendo, muchas noticias en revistas especializadas, no se preocupen, tómense su tiempo para asimilar la información.
¿Ahora? ¿Sí?
De acuerdo. Pregunten.
¿Cómo? ¿Que entonces no se lo explican? ¿Es eso una pregunta?
Ah, ¿quieren decir que no se explican el incidente?
Era de esperar. Se nota que ustedes son de los que no han pisado en su vida el mostrador de una Biblioteca Pública.
¿En las prácticas obligatorias dicen? Por favor, no hagan que me sonroje.
No les estoy hablando de titubear parapetado tras el ordenador, o de catalogar anuarios de
¿Qué ha dicho? ¿Pero es posible? En respuesta sólo le diré que no: en eso que ustedes no han llegado ni a intuir NO se incluye atender a sus familiares ni a sus amigos. Y de gracias a que lo dejo ahí.
Pero antes de que pase a explicarles lo ocurrido, déjeme aclararle que sus allegados no se incluyen porque, querida señora, y no lo repetiré lo suficiente, de lo que estoy hablando aquí y ahora es del Público, así, con mayúsculas y cursivas. Una entidad colectiva sin forma concreta y totalmente im-pre-vi-si-ble.
Sí, sí me calmo. No, por supuesto no hay nada personal en esto. Les ruego me disculpen, creo que ahora tomaré ese agua mineral.
...
¿Ven? Ya está. Ha pasado.
Imprevisible decía...
¿Sabían que nos han lanzado huevos, piedras y hasta melones? Melones sí. No lo sabían, por supuesto.
¿Y que a compañeras mías les han intentado restregar la cara con las páginas centrales de revistas para adultos sospechosamente pegajosas, lo sabían?
¿Cómo que no hace falta ser desagradable? No, no, no, al contrario. Digámoslo todo de una vez. Lo que significa tratar con el Público realmente.
¡Venga hombre no se me eche ahora las manos a los oídos!
...
Perdón, discúlpenme ustedes.
Escuchen, lamento haberles levantado la voz, pero es duro, y sé que ustedes no tienen la culpa, pero abran los ojos de una vez. Ya basta de vivir en un reino de irrealidad. Esto es la vida RE-AL, no un aula de la facultad o un despacho del Consorci. Es
En fin. Entiendo que no puedan hacerse a la idea así de pronto, a través de mis palabras, pero, por favor, traten de ponerse en mi lugar y así la labor de su comité de investigación tomará el cauce correcto en el asunto que nos ocupa.
De acuerdo, en el caso que a ustedes les ocupa y en el que yo soy el investigado, sí, totalmente de acuerdo. Pero esa no es la cuestión clave. Les aseguro una cosa. Puedo.. puedo aguantarlo todo y... bueno, ahí tienen mi expediente, toda mi vida en ese dossier abultado sobre su mesa, ahí lo dice, ahí está, a la vista, soy un funcionario público y puedo aguantarlo todo.
Sí, todo.
¿Que insinúa?Sí, así es, afirmo que puedo aguantarlo casi todo.
Bueno, al fin y al cabo soy un ser humano ¿no?
Casi todo es casi todo. Ni más ni menos.
Oiga mire, no le consiento que... ¿Que si tuviera que decir algo que me disguste? Já, no te fastidia. ¿Estaba usted consciente mientras yo hablaba de lo que supone tratar con el Público?
Ah, ¿no hay motivos para ponerme a la defensiva? Pues mire, usted gana, le diré que sólo hay una cosa, sólo una. Esta bien, ahí va: no puedo soportar que me tiren el material sobre el mostrador. Eso no lo aguanto. Y ya está. Es cuestión de principios, de respeto, de, si me lo permiten, de hu-ma-ni-dad, de unos mínimos de educación y decoro que rigen hasta entre los chimpancés. Bueno quizás no entre chimpancés pero sí entre orangutanes. ¿Entienden mi postura? Porque creo que esto va más allá de lo que entendemos por profesionalidad, que es un asunto de ser-un-ser-humano o ser-otra-cosa, llámenlo como quieran..
No, déjeme explicarme por favor.