martes, julio 06, 2010

Th. W. Adorno nos habla sobre el Ipad


Como se ensamblan hoy el progreso y la regresión, lo vemos en el concepto de las posibilidades técnicas. Los procedimientos mecánicos de reproducción se han desarrollado y establecido independientemente de lo que se reproduce. Éstos pasan por progresistas, y lo que no participa de ellos por reaccionario y provinciano. Semejante creencia es fomentada con tanto mayor empeño cuando los superaparatos, si por cualquier motivo pierden su utilidad, amenazan con convertirse en una mala inversión. Pero como su desarrollo afecta de forma esencial a lo que bajo el liberalismo se llama presentación, y a la vez su propio peso aplasta al producto mismo –al que, después de todo, el aparato le es externo-, la adecuación de las necesidades al aparato tiene por consecuencia la muerte de las exigencias materiales. El celo fascinado con el que se consume cada nuevo procedimiento no sólo crea indiferencia hacia lo producido sino que también favorece la trastería estacionaria y la idiotez calculada. Es la revalidación en nuevas paráfrasis de la vieja cursilería de la haute nouveauté. El progreso técnico responde al terco y estúpido deseo de no adquirir nunca baraturas, de no quedar de espaldas al proceso de producción deseado sin importar cuál sea el sentido de lo producido. En todas partes la concurrencia, la congestión, las colas de espera sustituyen a toda necesidad en alguna medida racional."

Minima Moralia, p. 123

domingo, junio 13, 2010

Congratulations: Next Level



La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran medida.

Y me dijo: ¿Vivirán estos huesos? Y dije: Señor, tú lo sabes.

Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: 'Huesos secos, oíd la palabra de Jehová. Así ha dicho el Señor a estos huesos: yo haré entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová'.

Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.

Ezequiel 37:1-8

lunes, junio 07, 2010

Dial 'S' for Stoßtruppen



O el jueves por la noche yo también fui un comando de élite aerotransportado adolescente.

¿Les suena de algo todo esto?

La partida screencasteada arriba es la primera misión del FPS súperventas de 2007 Call of Duty 4: Modern Warfare. Una misión de fogueo con sabor a arcade de tiro al pato que exhibe el entrañable título de Tripulación prescindible.

Y me sorprende que nadie haya hecho todavía la comparación con el asalto a la Flotilla porque el esquema de desarrollo no es ya similar sino paralelo o, como se suele decir, comparten un guión de manual (si prescindimos del detalle del arma nuclear que aparece en el último cuarto de la partida abriendo la puerta a la conclusión épica).

Atentos:

FPS
Un comando formado por tropas de élite asalta un barco en el alta mar descolgándose desde un helicóptero. Los soldados ejecutan a la tripulación (prescindible) y avanzan con poca o nula resistencia hasta la bodega del navío.

Asalto a la Flotilla
Un comando formado por tropas de élite asalta un barco en el alta mar descolgándose desde un helicóptero. Los soldados ejecutan a la tripulación prescindible y avanzan con poca o nula resistencia hasta la bodega del navío.

Entre los dos abstracts apenas median unos paréntesis. Entre el guión de un mundo vectorial y un mundo efectivo apenas una distinción tipográfica.

Y como es razonable y hasta conveniente suponer de un modo instintivo, a la analogía forzada cabría objetar que los detalles en sí mismos, por pequeños que sean y en este caso son máximos, configuran el todo y el todo es divergencia; que la breve exposición deja atrás universos de elementos coyunturales y lógico-modales que deshacen el intento de comparativa; que si la naturaleza de la narración es necesariamente subjetiva (esto es a su vez contraobjetable), tanto el calibre de la condensación de medios como el de expresiones empleadas en estos pseudobriefings resultan definitivamente tendenciosos, tramposos y de un mal gusto manifiesto.


Cabría presentar, en fin, una batería de reproches que dieran con el experimento de paralelización por tierra, maltrecho y sangrante, con la kipa doblada y tres dientes menos.

De acuerdo.

Ahora, vuelvan a reproducir el vídeo.

lunes, abril 26, 2010

Al probar la sangre entiende el canto de los pájaros

"Aparentemente, la cuarentena le había dado más aplomo, más sabiduría y más prudencia. Había despejado las nubes. La mujer que amaba esperaba un hijo suyo. Se habían trasladado a una casa más amplia. Empezaba a ser conocido, lo traducían cada vez más en el extranjero. Con los derechos de autor había encargado una locura, un sueño de niño y a la vez de hombre acomodado: un enorme archivador de metal, blindado e ignífugo, para guardar los tesoros que llevaba a cuestas desde que se había separado de Dorothy: manuscritos, cartas, discos raros, colecciones de sellos, grabados, revistas de ciencia ficción imposibles de encontrar.

El día que le entregaron ese monstruo, que pesaba, sin los cajones, trecientos cincuenta kilos y debía ocupar toda una pared de su despacho, un arranque de angustia ofuscó su alegría: cuando has comprado algo así, no te mueves más, se acabó, has arrojado el ancla. Después recordó que Fafner, el dragón de la ópera de Wagner, estaba condenado a la muerte y su tesoro a la dispersión, y entonces un temor inverso se sumó a su angustia: el temor no ya a la saciedad sino a la pérdida."


Emmanuel Carrère. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982, p. 155.

martes, abril 06, 2010

pensé en un pincel dibujando un círculo negro

I

En mi sueño ella me había dado la última oportunidad para salvar "lo nuestro" así que nos citamos en el centro para "hablar" y "tomar algo".

II

Nervioso como estaba, decidí no apurar el tiempo y acabé llegando con media hora de antelación a la esquina donde solíamos encontrarnos .

III

Aquella media hora prometía ser una agonía de anticipaciones, de escenas imaginadas y de hilos argumentales que me conducían a lugares a los que prefería no acercarme.

IV

Lugares a los que las circunvoluciones de mi mente acabaron entregándome, solícitas.

IV

Pero por una feliz casualidad, a una manzana de allí se encontraba una de las tiendas de discos de segunda mano por las que me dejaba caer de vez en cuando.

V

Que solía frecuentar, para ser sinceros, con más asiduidad de la que mi sueldo me permitía (uno de los reproches que ella, con razón, me echaba en cara).

VI

Emparedado entre la última oportunidad de salvar "lo nuestro" y la impaciencia consumatoria del coleccionista que se sabe en disposición de un tiempo que matar, me encaminé hacia la tienda.

VII

Era uno de esos establecimientos para treintañeros: anuncios de acontecimientos deathmetal y bancos de cd's dispuestos según taxonomías de compromiso: Nuevo Rock Americano, HC (Costa Oeste), Folk Ácido. Ese tipo de cosas.

VIII

-Estamos a punto de cerrar

IX

- Será sólo un momento

X

- Ffffmmvale

XI

sábado, abril 03, 2010

Me gusta que mi boca se cubra de pimienta


En mi sueño la última hora de la jornada nos había congregado en un despacho remoto, aislado del trámite entre cajas, clips y teclados carentes de función, y como cada viernes, compartíamos en grupo el malestar por las decisiones del director.

Los argumentos, indistinguibles en su fondo, se acumulaban en cada una de las intervenciones, extendiéndose en menor o mayor medida a la luz de los gestos de dolor, paralingüística del estrés que acudía como una oración a nuestros rostros de penitentes.

Consentíamos las constantes disgresiones, las minuciosas cotas que habían sido abiertas en aquellas vidas regidas por el postit, y éramos benevolentes con los incisos de los veteranos, lamentos acerca de la caída de los valores de la nueva generación, de los valores todos al fin y al cabo, y lo hacíamos con mucha seriedad, simulando interés incluso, debido a la utilidad topológica de todo el asunto, como si aquella archivística semanal de afrentas mezcladas con recuerdos de comisiones de servicio y de lo fungible cotidiano nos abriera de alguna forma, precaria, pasillos y glorietas por entre una jungla de estupidez que ya duraba décadas.

Pero aquél mediodía, en algún punto sobre la oleada de síntomas, percibí cierta cualidad nueva flotando en el sopor. Un instante antes de que abriera los ojos la voz que me despertó dijo: me gusta que mi boca se cubra de pimienta.