viernes, julio 27, 2007

Junkers


Esto queda entre nosotros ¿eh? Consumo privado y para que luego no digas que no te cuento.

Conocieron al Tipo una noche que bajaron a Madrid, y mientras sopesaban si darle el palo en un portal o directamente en el lavabo de la tasca, va el tío y entre farfulleos de langostino y chinchón les propone un negocio sucio-sucio.

Que no eran angelitos y que el asunto era de lo peor, pues claro ¿de quién estamos hablando? Imposible proponerles algo así por las buenas si no hubieran sido quienes eran; de hollín hasta las ojeras iban a quedar si aceptaban, y aún hoy flota el aroma de lo poco que les importaba pringarse una y otra vez.

Así que le contestaron: "¿Dónde? ¿Cuándo?" Porque los chicos estaban a todas, los chicos estaban a cualquier cosa que les pasara por delante: les crecía el hocico y les salibaban hasta los ojos con sólo pensar en el cemento que iban a meterse, y por supuesto de todo aquello que luego declararían... lo de pasarse la mañana pegando fotocopias en cartulinas rojas, nada, rien, puro ingenio para la coartada inverosímil. Y también mucho mito, que viene después de la gran H como una estela que no perdona... y si hay H de por medio, no hay perdón que valga.

Así que el Tipo les sonrió como ha de sonreir la sierra sobre el antebrazo, les palmeó los por así decirlo "hombros" y les llamó nosequé y nosecuantos con aquella voz de títere, y mucho hicieron ellos con registrar la X y la Y que se les repetía con obsequiosidad y entre fragmentos de crustáceo, pero con insistencia.

Más tarde, a la hora del speed apenas se sostenían, angostos como malos espíritus, pero durante el informe de la misión se las arreglaron para hacer pasar sus cabeceos por asentimientos; podrían haberse sentado todos en la misma silla y hubiera sobrado metal para toda una carlinga.

Ya en la pista del aeródromo se gritó y se brindó, y entre los gritos algo no sonaba a lo acostumbrado, pero lo dejaron correr; con pupilas como agujeros en la hojalata quemaron el cuero de los chaquetones de bombardero rastreando el índice de su curtido: doble cero: 20 papelinas. La rutina es la rutina. En aquella ocasión quizá se hizo algo más larga. Quizá no.

Una vez descargadas ambas químicas en un efecto aerosol que les recordó el mural de un bar jipi desvalijado sin prisas hacía dos noches, alcanzaron a comprender que lo que les preguntaban una y otra vez aquellos skinheads tan finos era si les acercaban a alguna parte. "En Ondarroa tocábamos hoy, ¿no? Ondarroa, pues".

Allí esperaron al bajista de Vómito en la parte de atrás del local, y le dieron una somanta surtida con diez pares de botas calibre Deutsches-Réquiem. El chával perdió el bajo a las primeras pero la chupa no hubo Diós: por sus cojones y por toda la anestesia que llevaba encima. Joder si se merecía la chupa*.

Aquella noche tocaron:

Eskorbuto
RIP
BAP
IV Reich
HHH
Kortatu
Vómito
TDK...

Espera, ¿TDK? No, TDK no actuó. ¿O sí? No, no puede ser porque Gus, el guitarra, pilló una hepatitis que le contagió de un escupitajo un francotirador punk en aquel concierto de Guetxo en que tocaron:

Cicatriz
Pisando Fuerte
MCD
Oskorri
Metralla... ¿Metralla tocó en Getxo?

No sé si me dejo a alguien en el tintero. Se lo preguntaré a ese con pinta de buho que publicaba el Destruye y ahora hace melindres de peluche y así pal lado con la cabecica.

*Anécdota real

No hay comentarios: